Sé todo lo responsable que puedas

2 mayo, 2018 - 4 minutes read

Seamos realistas: ser una marca que cambie el mundo no está a tu alcance ni al mío. Lo realmente importante es ser una marca que contribuya al cambio, que aporte, que sume con pequeños gestos.

Dejando fuera aquellos modelos de negocio basados en la economía circular o cuya actividad suponen un beneficio directo para el entorno, el resto, desde nuestro día a día como marcas, podemos contribuir a mejorar el mundo o al menos, nuestro contexto más cercano, bien con acciones concretas o sirviendo de ejemplo para que más gente se sume. Aquellas marcas comprometidas socialmente, añaden un valor más a los que ya poseen, suponiendo esto además, una mejora en la imagen exterior para con su audiencia.

Eso sí, tenemos que ser cautos: embarcarnos en proyectos solidarios puntuales o en una estrategia de responsabilidad social corporativa (RSC) que no sea proporcional a nuestra capacidad, puede suponer un ahogo a larga para nuestro negocio y una pérdida en esa reputación ganada a pulso. Hay que medir muy bien las acciones que vayamos a llevar a cabo.

Para que esto no ocurra, definiremos una estrategia de RSC que vaya ligada al esencia misma de nuestra marca, descartando aquellas acciones que no sumen activos a nuestra organización o que sobrepasen nuestros recursos. El tema no es darlo todo o que tus acciones resuenen en medio mundo si no que sean coherentes con lo que eres.

Por eso el valor de las pequeñas cosas. Acciones que aunque no supongan un cambio profundo, sí sean al menos una declaración de intenciones, impregnada de nuestros valores.

Precisamente, al hilo a estas pequeñas acciones encontraríamos el llamado ecobranding o cómo dar a nuestra marca un carácter más responsable con el medio ambiente.

La visibilidad de nuestra marca requiere pagar un precio no solo desde el punto de vista financiero sino también ecológico. Reducir ese coste es posible haciendo por ejemplo, que nuestro logo gaste menos tinta cada vez que lo tengamos que imprimir.

En este sentido, Interbrand, el gigante de la consultoría de marca, ideó una campaña para tratar de aplicar ese compromiso con el medio ambiente a marcas ya existentes y con fuerte presencia en el mercado internacional. ¿Cómo? Rediseñando sus logotipos de manera que se pudiera reducir el uso de tinta para su impresión entre un 10% y un 40%, ahorrando así un elevado coste para el medio ambiente, al tiempo que revierte positivamente en los costes de producción de todos los productos que lleven impreso estos logotipos. Para que te hagas una idea: la tinta de la impresora cuesta 2 veces más que Chanel N ° 5.

ecobranding

Puedes echarle un ojo aquí al proyecto Ecobranding.

Dicho esto: el mundo necesita gente que apunte alto, muy alto; personas que posean el arrojo de Greenpeace y Amnistía Internacional; que tenga a Open Arms o Ayuda en Acción como espejos en los que mirarse, porque seguramente, aunque se queden en mitad del camino, el simple intento dejará algo positivo.

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