Vendiendo en una ciudad vacía

23 enero, 2018 - 4 minutes read

Asisto con pena a un trágico espectáculo cuyo protagonista es la ciudad donde vivo. Una ciudad que se desangra, gota a gota, persona a persona, hasta vaciarse. Diariamente, observo como sus calles son, cada vez menos transitadas. Como los dependientes de los negocios, atienden a clientes imaginarios. Como los paseos, son acompañados por una sucesión interminable de locales con el “Se alquila”, “Se traspasa” o “Liquidación por cierre”.

La fuga de población en un territorio, va ligada intrínsecamente a la generación de riqueza en el mismo. En Jaén, estos dos elementos hace tiempo que se cogieron de la mano y al unísono, echaron a correr como alma que le lleva el diablo.

Aquí, cada vez queda menos gente que compra y por tanto, menos gente a la que vender algo -al menos a la manera tradicional-, ya sea un producto o un servicio. En un mundo en el que por ejemplo, el comercio electrónico supone un 7% (y subiendo) sobre el total de ventas minoristas que se realizan en España, en esta ciudad, seguimos esperando a los clientes tras el mostrador o la mesa de oficina, estrechándoles la mano tras una buena venta y deseándoles un buen día mientras la campanilla suena al cerrarse la puerta del negocio. Compradores de carne y hueso oiga, nada de emails ni cuentas de PayPal.

En lado opuesto -teniendo en cuenta esta vez las compras-, nos encontramos a Añora, en la provincia de Córdoba, que ostenta el honor de poseer el mayor índice de compras online per cápita. El 80% de sus 1.500 habitantes han realizado algún pedido por Amazon el año pasado. Ese pequeño pueblo cordobés, es un ejemplo adelantado de por donde van las cosas.

Este fenómeno, por otro lado, hace tiempo que comenzó a ser un hecho y de forma imparable, por cierto.

Es así como la ciudad que precisa de manera urgente alimentar su tejido productivo -más allá de el monocultivo del olivar-, debería resetearse y en vez de esperar a que lleguen los clientes, empezar a buscarlos de una vez en el lugar donde los hay y encima, a puñados.

Estaría bien que, esta ciudad, se convirtiera en una especie de Añora pero de las ventas online, transformándose en algo así como la localidad de España con el mayor índice de negocios que venden en la red.

Uno de los consejos que más a menudo doy a los clientes es que aprovechen sus debilidades y las conviertan en fortalezas. Mientras llega el deseado momento en el que se frene la fuga de población y se revierta la situación, tiene que haber un cambio profundo en el sistema productivo y de negocio de aquellos lugares que sufren la despoblación. La gente no volverá por arte de magia, así que mientras lo hace (si es que lo hace), plantéate si es más rentable, arrancar un proceso de transformación digital de tu negocio o en el caso de que estés a punto de iniciarlo, analiza, investiga, husmea y entérate donde están ahora tus futuros-nuevos clientes. Esos que, a diferencia de los anteriores, comprarán tus productos sin tener que entrar en tu negocio.

Fotografía:©Carlos de Pablo
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